CONTRIBUCIÓN PARA QUE NO SE OLVIDE
EL NOMBRE DEL OLMO
------LOS viejos olmos disparar solían sus curvos,
oscuros fuegos de artificio
en una verde red para cazar el aire
y quedar colgando, lánguidos o atentos,
contemplando la tierra.
------En su recinto el ruiseñor establecía
su dialogar con las estrellas
─feliz aquél que atestiguar pudiera
su claro acento, su pura melodía.
Asímismo la alondra, la calandria y otros dulces músicos.
------Surtidores airosos, manos abiertas
para estrechar las del cielo,
vosotros érais, ah olmos, altos, majestuosos,
lucíais vuestro bello nombre en el viento
que pasaba entre las ramas jamás sin rendiros homenaje,
aun en las tormentas.
------Los hombres arrastraban sus ilusorias lujurias,
sus efímeros amores, sus lúgubres deseos,
bajo vuestra mirada indulgente,
simulando no reconocer el fétido aliento de la Odiosa
y al contemplaros contemplaban vuestra elegante fortaleza
y se creían fuertes y duraderos e inmunes como vosotros
a las insidias de la que no quiero nombrar
y que ha venido a acabar con vuestra fiesta.
------Así que vosotros, altos, majestuosos, vosotros,
olmos de la maravilla de la tierra,
vosotros también, también habéis sido tocados,
también a vosotros os muerde, calvea, languidece, mata
y tumba la Pérfida implacable.
------Ay, triste consuelo: el hombre no está solo.
También el olmo muere.
------Contemplar una tierra sin vosotros,
donde nadie sepa, donde no haya memoria
de vuestra existencia y hermosura,
será duro castigo.
No ver, como ayer,
vuestra erguida presencia en el crepúsculo
pintando de oscuro verde los colores melancólicos,
hará chica la tierra.
------Hoy, una calva cabeza de medusa se recorta
y un jirón de luna cuelga, desolado,
de una mano sin carne que sale de la tierra.