EDUARDO CAMACHO - PERDER EL TIEMPO

 

 

 

 

  

                 ESQUIZO

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----ESTOY seguro de que algo le pasa
a este individuo que siempre anda conmigo:
lo noto inquieto, sin sosiego,
se mete los dedos en la barba a cada rato
y recorre a grandes pasos el pasillo
para volver siempre al punto de partida.
Es singular dicho sujeto:
estalla como la pólvora mojada
y sonríe ante la más grande catástrofe
o el más insólito milagro. No lo entiendo.
El otro día regañaba a una paloma por volar,
a una vaca por pacer, a una nube por no detenerse
sobre el campo. Pero también riñe con el cordón
de su zapato, con una lámpara rota,
con su amada, siempre con la misma rabia inexplicable.
Sobre todo se escarnece a sí mismo, azota sus años,
desautoriza sus acciones,
golpea bravamente con martillos
su sistema digestivo, se introduce púas
bajo las costillas y se amarra un cilicio
en el hígado mientras apedrea
sus mejores sentimientos.
Sin embargo, en otras ocasiones se dedica
a imaginar el mejor modo
para sacar a su pueblo del dominio extranjero,
acaricia los perros y a los niños más raros,
suelta las lágrimas cuando hay un reencuentro
en la pantalla del televisor
y demuestra a su amada un amor tierno y dulce,
un amor sin fronteras, con suspiros y sonrisas.
Mas yo no sé lo que le pasa ahora:
como antes les decía, da muchos pasos perdidos
por el pasillo, habla solo
y unas veces sonríe
y otras estira el dedo admonitorio
con cara de no pocos enemigos.
Yo no sé lo que le pasa,
mas da miedo.